2.2.11

Novedad en el frente

SIN MUCHA BULLA

Por Mario Berríos*

Sin mucha bulla regresó la “sele” con la Copa de la Unión Centroamericana de Fútbol (UNCAF) en el bolsillo. Era necesario evitar el llamado de aquellos que únicamente sudan la camisola para modelar con poses argentinas o brasileiras. Esta vez, los convocados conquistaron la copa sin hablar italiano de un día para otro. A ocho minutos de iniciado el gran match centroamericano (hablar de potencias es engañar a los lectores), un disparo al marco rebota en el paral izquierdo de la meta de Grant, pescando el rebote García estuvo atento para filtrar, donde llegó el veloz Walter Julián, quien, sin buscarle costuras al cuero, con un fortísimo disparo con su botín derecho venció a Grant.
El día del pitazo final, Walter Julián, el único de los seleccionados que, tengo entendido, devora libros (parece que Ramón Núñez le sigue de cerca), inició la ruta del triunfo al pescar un balón centrado al área chica. Mientras en las concentraciones los seleccionados se dedican a hablar por teléfono, beber y pasear, este nativo de nuestros morenales lee, quizá por eso se ve que interpreta adecuadamente los movimientos realizados dentro de la cancha. Nunca ha dejado de hablar como hondureño, no se desplaza por los rectángulos de juego con ínfulas ni menosprecio hacia sus compañeros ni contrincantes, atiende a los periodistas y departe con sus amigos de siempre. Eso sí, se despeina como sólo él podría hacerlo porque le pone coraje a las jugadas, por ello se amarra sus trenzas caracoles. Tampoco llora y no reclama ni se tira al césped simulando faltas.
En los minutos siguientes, la defensa nuestra, anémica, dejó que fusilaran a San Noel varias veces, quien tapaba una y otra vez los cañonazos de Ureña. Ramón Núñez y Walter Julián se echaron la blanqui-azul a sus espaldas, para anotarse la victoria. Los ticos tiraban desde todos ángulos, estábamos contra las cuerdas, resistiendo las embestidas de Ureña, Borges, Elizondo, Marshall, Mora y Myrie, quienes le hacían la del tonto una y otra vez a Chávez, Sabillón y García. ¡Agárrenlos, agárrenlos!, parecían decir nuestros jugadores cuando miraban pasar —por los linderos del área— como flechas a los ticos. Esto que con un jugador menos durante el mayor tramo del partido, por la benigna expulsión de Delgado.
Como siempre, los centrales nuestros estuvieron a punto de condenarnos al fracaso, Osman Chávez chineó la esférica en el área chica, ¡era para penal!, pero el de negro nos perdonó. La única jugada rescatable de Osman la jugó sin pelota, ¡el cocazo con el capitán tico Celso Borges! Adelante, Walter Julián —sin ser un 9 nato, simplemente un media punta habilidoso, con el número 15 en el lomo— y Marvin Chávez, otro de sacrificio, entretenían a los defensores ticos, mantenían la pelota, enfriaban el partido y, con su accionar, le daban respiro a Emil. La mayoría de nuestros representativos arrastraban los pies, porque los ticos nos superaban en condición física, iban y venían a trote lento, con los brazos abajo. De remate, para amolar la zarandeada que nos comenzaban a dar, a pesar de ir arriba en el marcador, Sabillón, como siempre queriendo salir con la pelota como gran estrella, con toquecitos pirujos en la salida, prácticamente le dejó la pelota a Ureña, quien con un tirito, que más fuerte los hace una niña de 10 años, se le coló al desconcertado, a esas alturas del partido, san Valladares, quien se vio en el espejo antes de zambullirse por el balón.
Superior en el juego individual, en la táctica, el mantenimiento de la pelota, la conducción y la triangulación y el disparo, como es el estilo de Lavolpe, los ticos no lograban abrir el cerrojo impuesto por los nuestros, quienes se dedicaban a mirar cómo los ticos llegaban una y otra vez. Mario Martínez, otro que suda sus botines y no anda modelando le daba respiro en la salida al cuadro. El once nacional, jóvenes a la distancia con otra mentalidad, le han salvado el pellejo y escaso prestigio que les queda a los miembros del fútbol nacional, quienes lavan imagen y, simultáneamente, despilfarran el billete; a los jugadores les dan las sobras de lo que queda en la mesa.
Los ticos no dejaban espacio, las pocas oportunidades podían surgir a balón parado, así fue, el otro que no anda con muchas poses, Emil, la metió donde tejen su nido las arañas, Grant nada podía hacer, ¡era el 2 a 0!
Después de la competición quedaron aclarados varios puntos: Uno, el entrenador Castillo va mejorando, aprendiendo de sus salidas al extranjero al frente de una selección, ahora por lo menos se pone traje formal, aunque sin personalidad. Así como un entrenador no puede hacer mucho cuando los dirigidos fallan demasiados goles, ¡hechos, bajo el marco!, tampoco puede subrogarse el triunfo cuando los pupilos aciertan los pocos balones que le quedan en los botines. Dos, no ocupamos a unos tales lobitos, rambitos, corta-caras, malcriaditos, pide billetes, bolos goma y macanea-árbitros que regularmente hemos tenido en los últimos años
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* www.marioberrios.net
bufetelegalmb@sulanet.net

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